El cuerpo sensual de una mujer o un hombre, las curvas sinuosas de sus caras, las facciones endurecidas, o tal vez ablandadas, de un viejo, no son más que apariencias. Ilusiones. Una vez vi que la mente en realidad es atemporal, no tiene edad. Lo único que vale es qué tan despierta esté. Sin embargo, no es la mente algo distinto, en su esencia, a la de las otras personas. Tras el elemento de la personalidad, que sirve de herramienta para moverse en sociedad, y las experiencias, que mueven el engranaje mental, el fin último y el magma del género humano que sostiene todas nuestras placas es común a todas las personas. Algunas no vislumbran todavía qué es, otros no lo harán nunca del todo. Pero cada uno llega en algún momento de su vida a saborear una pequeña muestra de aquello que todos buscamos: la eterna unidad.
La existencia, un solo ente de variadas formas y del cual nosotros somos su incipiente consciencia. Nuestra mente es la mente del universo, y cuando nos damos cuenta de ello, deja de tener sus limitaciones físicas para fundirse en el mal llamado exterior.
Cuerpo, mente y universo fueron, son y serán un único ente metamorfo y atemporal. Como una especie de magma de todos colores, como una sopa crema, que se mueve lentamente y muta en su interior constantemente; eterna sustancia primordial que tiene consciencia de sí misma y existe a su propia voluntad.
